...Y que sean protagonistas de nuestra Semana Santa. Con sus sueños, sus esperanzas, la inocencia y alegría que dentro de sus pequeñas túnicas se transforman en auténtica penitencia y sentido cristiano. Porque son ellos desde sus pequeños corazones los que alimentan y santifican nuestras Estaciones de Penitencia; aferrados a sus cirios, sus palmas, sus pequeños cetros de ilusión, nos conmueven y estimulan....Y que desde sus desnudas caras, sin caperuz, con la limpieza de su mirada, -no con el avergonzado rostro del adulto-, en la pureza de sus almas, mirando nuestro Cristo con el miedo, la incertidumbre, la alegría y el amor de sus tiernas creencias, besan el aire con tiernas caricias, desde sus pequeñas y blancas manos creando lazos invisibles, íntimos, cómplices con la cara de Cristo y las lágrimas de la Virgen. Esos besos que vemos en nuestros hijos y que son, o deben ser, el lazo que une a sus mayores en el sentimiento de la Paz y del Amor que pretende Dios al darnos la oportunidad de crear una Cofradía.
...Y cuando veáis rencores, enemistades, odios, dudas cofrades; os acordéis que en una procesión siempre habrá una pequeña túnica, un inocente y dulce rostro, una mirada ingenua, unos ojos brillantes, un niño que lanzará el único y verdadero beso de Amor y Humildad.

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